El arte de hacerse pendejo

“El 80% del éxito consiste en estar ahí” – Woody Allen

Hacerse pendejo se aprende

Considera cuanto tiempo en tu vida has estado haciendo nada o parecer que estás haciendo algo y en realidad no haces nada. Desde bebés empezamos haciendo nada, estábamos solo mirando alrededor, oyendo sonidos viendo colores, algo nos molestaba o teníamos hambre y llorábamos. Nadie esperaba que hiciéramos algo, solo con una sonrisa o un balbuceo bastaba para que los adultos se volvieran locos. Empezamos a aprender a hacernos pendejos.

En la escuela nos hacían estar lo que parecía interminables horas escuchando a maestros, mientras mirábamos por la ventana o hacíamos dibujos en el cuaderno. Ocasionalmente nos hacían preguntas que no contestábamos. Los maestros premiaban a los más callados, los que hablaban para quitarse el aburrimiento eran castigados. Hacerse pendejo era la mejor forma de pasar la escuela, no te metías en problemas. Ocasionalmente el bully nos hacía la vida imposible, pero hasta eso ignorarlo era lo más inteligente que podías hacer.

Las virtudes de hacerse pendejo

Por supuesto que no puedes pasar la vida haciéndote pendejo o pendeja, necesitas comer y satisfacer las necesidades básicas, así que consigues un trabajo. Todos hemos tenido algún trabajo donde hay tiempo muerto, quizás tuvimos que esperar a que otro terminara o simplemente teníamos que entrar en acción cuando se necesitaba. La habilidad de hacerse pendejo era requerida, no se podía simplemente dormirse o ponerse a jugar, uno tenía que simular que hacía algo.

En los equipos siempre hay alguien que se hace pendejo. Son los que buscan las actividades más triviales y se apuntan para hacerlas. Se tardan una hora en sacar unas copias o ir por la comida. Normalmente son muy carismáticos, son como la mascota de equipo, cuentan chistes y se meten a disuadir discusiones, sabe que los que realmente trabajan tienen que seguir adelante, comprenden que el éxito del equipo es su éxito.

Hacerse pendejo como los maestros

Todos conocemos a alguien que ha elevado este arte a niveles inusitados. Nos preguntamos ¿qué hace fulano aquí? Si nunca hace nada ¿cómo no lo han corrido? Evitar trabajar o esforzarse requiere esfuerzo y dedicación, he aquí algunas técnicas que utilizan estos maestros:

  • Se hacen indispensables. Hay jefes que no toleran empleados que se hacen pendejos y que en circunstancias normales los correrían del trabajo, pero si tienen un conocimiento o una habilidad que nadie tiene, no pueden hacerlo. Los maestros en este arte buscan eso como un perro. Si son hijos del dueño ya la tienen hecha.
  • Muestran entusiasmo. No hay nada que más desespere a un jefe que un empleado aletargado o pasivo, les encanta la proactividad y el asertividad. Los maestros aparentemente se ven movidos, sonríen, hacen amigos. Su falta de productividad es cubierta por ser voluntario para las tareas más sencillas y cuando les toca algo complicado, tienen la habilidad de convencer a otro que las haga.
  • Las tareas cortas las hacen largas. Los maestros necesitan tiempo para hacerse pendejo y como lo hacen es diciéndole al jefe que, por ejemplo, necesitan 4 días para hacer algo que lo pueden completar en uno. Tienen a la mano argumentos y saben el lenguaje corporal para indicar lo pesado que será la tarea. Algunos tienen la osadía para tocarle la puerta el superior y pedir más tiempo, sus pretextos son muy persuasivos.
  • Son actores merecedores del Óscar. Meryl Streep se queda corta con las actuaciones de los maestros. Cuando llegan a cuestionarlos por su falta de productividad, citan el pésimo ambiente de trabajo, los compañeros, el comedor, la enfermedad de su mamá, etc. Terminan no solo creyendo en ellos sino hasta el superior se siente culpable por pedir resultados. Maestros se han llegado a “accidentar” para tener unos días libres, pagados para hacerse pendejo en su casa.

El potencial de hacerse pendejo

La tecnología ha llevado a este arte a nuevos niveles. La computadora es la herramienta más usada en la oficina y con el internet, el cielo es el límite. Llegaron a hacer programas que simulaban estar en Excel y en realidad mostraban el muro de Facebook, los hay para tuitear dentro de Outlook. El departamento de TI constantemente está tratando de tapar estos hoyos que inhiben la productividad, pero los maestros son muy creativos.

Paradójicamente mientras más se eleva en la escalera corporativa, el hacerse pendejo es parte las funciones, solo que se le llama delegar. Los maestros tienen a su disposición la estructura y los recursos para hacerse de tiempo precioso. Dicen que necesitan tiempo para hacer decisiones, se van a comer con personas importantes y viajan a conferencias que todos sabemos son borracheras. Pero nadie puede decir nada.

No solo en el trabajo operan los maestros, muchos lo hacen en su casa al “estar, pero no estar”, dejan que los hijos hagan lo que quieran para que “aprendan” y “sean independientes”. Llegan a su casa para hacerse pendejos (diciendo que están cansados) después de hacerse pendejo en el trabajo. Su argumento es que están presentes y no son como los malos padres que abandonan a su familia.

El futuro de hacerse pendejo

Mirando las tendencias sociales, vemos cada vez más oficios donde hacerse pendejo es parte del trabajo, por ejemplo, los diputados, líderes sindicales y otros puestos donde te pagan por sonreír y decir unas palabras. Los milenials, que se sienten que merecen todo formarán ejércitos de maestros en hacerse pendejo, las corporaciones tienen que estar preparadas para este potencial ilimitados de horas perdidas y capacidad sobrevalorada.

Cuando se trabaje con cascos de realidad virtual, hacerse pendejo podrá hacerse sin problemas, de hecho, veo un mundo donde cada habitante de la tierra tendrá un robot que hará el trabajo por uno, solo hay que mantenerlo e instalarle actualizaciones. Hacerse pendejo será un derecho humano.

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