Déjenme llorar

Voy a tocar un tema que para los hombres es casi tabú: llorar. Con amigos que tengo mucha confianza he preguntado ¿cuántas veces has llorado? Me han respondido: nunca o solo cuando se murió alguien muy cercano, lo cual se me hace difícil de creer, pero como pensamos los hombres, llorar es un acto que no nos corresponde hacer, “llorar es para bebés o para las mujeres”, “los chicos no lloran”

Y es que en esta sociedad machista llorar es un símbolo de debilidad, combatimos con todas las fuerzas las ganas de llorar para no mostrar sensibilidad o que piensen que somos maricas. Desde niños nos hicieron contener los sentimientos, nuestros padres nos hicieron duros, quizás con razón, pero con el efecto secundario de que contenemos mucho las frustraciones, las tristezas y también las alegrías. Y luego porque vivimos menos años que las mujeres.

En mi caso lloro un promedio de 3 veces al año, aunque en años recientes más veces. Me conmueve la nostalgia, alguna que otra película, pero lo más me hace llorar es la situación con mi hijo que tiene autismo. En un principio lloraba de impotencia, un llanto muy escandaloso casi con gritos y pataleos, últimamente un llanto más de incertidumbre, de saber que hay cosas fuera de mi control.

Si eres hombre te recomiendo ampliamente que llores seguido, estoy seguro que tu vida no ha sido todo como lo visualizaste, que hay cosas del pasado que extrañas mucho, que cometiste errores, que has sufrido grandes pérdidas y por qué no, que has logrado cosas muy importantes, también se llora de felicidad. Busca la ocasión donde que estés en tu casa sólo y provócate ese llanto, es muy purificador.

Las únicas ocasiones que vemos a hombres llorar en público es cuando pierden la final del campeonato o evangelistas arrepentidos. De las mujeres no voy a hablar porque son demasiadas las ocasiones en que sueltan el llanto, a veces sin razón. Bien por ellas.

¿Cuándo fue la última vez que lloraste?